El Fondo Indígena rinde un homenaje póstumo al diplomático, uno de los fundadores de la institución

 

 

El Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y El Caribe (Filac), que celebró entre el lunes y este jueves su XIV Asamblea General en Madrid y el aniversario 25 de su creación, rindió un homenaje a Lozano Escribano, uno de sus fundadores. El embajador (Madrid, 1927-2008) participó en la fundación del Filac en 1992 y desde entonces, según la misma organización, “permaneció firme al lado de la institución” y esta “contó siempre con su opinión calificada”. El Filac le entregó en 2002 la condecoración Quinto Sol, el mayor de sus reconocimientos.

 

El legado de Lozano Escribano cobra mayor importancia en un momento en que la subsistencia de los pueblos indígenas latinoamericanos se ve amenazada por los conflictos con la economía extractiva. La ONG Global Witness, por ejemplo, cifró en 67 el número de muertos de origen indígena en disputas relacionadas con la defensa del medioambiente en 2015. Se trata del 36,2% del total (185), la mayoría latinoamericanos.

 

Durante el homenaje a Lozano, embajador por siete años en Bolivia y seis en Panamá, el profesor de Derecho en la Universidad Carlos III Daniel Oliva destacó la labor académica del diplomático, volcada en buena medida hacia el ámbito Iberoamericano. Como catedrático fue, además, impulsor del Título de Experto en Pueblos Indígenas, Derechos Humanos y Cooperación Internacional que entrega la misma universidad.

 

“Don Tomás pertenecía a la estirpe de los imprescindibles”, recordó Pico de Coaña que escribió la periodista Maruja Torres en un obituario publicado en EL PAÍS. “Le conocí en la embajada de España en Ciudad de Panamá, poco antes de la invasión norteamericana, en la Navidad de 1989”, cuenta Torres en el texto. “Tras el asesinato del fotógrafo de este periódico Juantxu Rodríguez por los marines estadounidenses, el embajador Lozano me dio refugio en la Embajada y me dio algo más: su afecto y el de su familia, que consolaron mi alma rota”. Pico de Coaña hizo énfasis en el ideal humanitario que guio al diplomático como representante en Panamá: “Lozano defendió a las víctimas de Noriega, primero [antes del desembarco], y a los de la invasión estadounidense, después”.

 

FUENTE: EL PAIS

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