Patricio Aylwin Azócar, ex presidente de Chile (1990-1994).
La primera vez que Patricio Aylwin Azócar, estuvo en Extremadura fue en 1992, siendo presidente de la República de Chile. Era su primera visita oficial a España y quiso entrar en nuestro país por las tierras en las que nació el conquistador de su país, Pedro de Valdivia. Han pasado casi 15 años y Aylwin ha vuelto a Extremadura; esta vez como representante de la Corporación 'Justicia y Democracia', organización que preside a sus 87 años para favorecer la participación activa de los pueblos indígenas en la vida nacional. Esta semana ha firmado con el presidente de la Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, un protocolo de colaboración en beneficio de su organización. La administración autonómica aportará 300.000 euros para la realización de proyectos de capacitación de jóvenes líderes locales de pueblos indígenas latinoamericanos. Quiere que lo pueblos autóctonos chilenos, esos que estaban antes de que llegaran los españoles, tengan su espacio en el país. Para ello, la inversión tiene que ser de futuro, en personas que van a liderar su pueblo dentro de unos años.
-¿En qué se va a invertir el dinero que Extremadura ha decidido dar a los pueblos indígenas chilenos?
-Fundamentalmente se va a emplear en programas de capacitación, estudio y formación de dirigentes de pueblos indígenas de Chile, sobre todo de muchachos, de gente de las nuevas generaciones. Se puede decir que es una apuesta de futuro en la que los extremeños van a contribuir. Mire, en la historia de América Latina los pueblos originarios han quedado atrás, se han convertido en minorías. En Chile representan más o menos el diez por ciento de la población, que es bastante, pero históricamente han estado bastante dejados de la mano de Dios.
Ley protectora
-¿Por qué esta situación?
-Mire, en el siglo XIX se dictaron leyes protectoras y muy bien inspiradas para estos pueblos; incluso se les asignaron territorios a las comunidades indígenas. Cuando yo era joven y estudiaba derecho sentí cierto orgullo porque mi país hubiera hecho justicia a sus habitantes aborígenes. Luego la vida me ha demostrado que esas leyes se cumplieron sólo a medias. Por eso, cuando postulé a la presidencia de Chile el tema indígena empezaba a ser objeto de bastante preocupación. Por eso, en mi campaña presidencial tuve una reunión con los pueblos indígenas en Nueva Imperial donde se formalizó un acuerdo en que si ellos me apoyaban, yo me comprometía a dictar una ley de protección y desarrollo de los pueblos indígenas.
-¿Y se hizo?
-Se hizo. En el primer año de mi mandato se formaron comisiones mixtas de representantes del gobierno y representantes de las principales etnias que elaboraron el proyecto. El mismo, votado en distintas comunidades, se aprobó en el Senado con algunas limitaciones porque no teníamos mayoría, y pasó a ser Ley de la República. Acto seguido, se creó la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena cuyo directorio está formado por representantes de las distintas comunidades indígenas y presidido por una persona de confianza del presidente de la República. Esto se ha traducido en programas de entrega de tierras, de cooperación para el trabajo de esas tierras, de educación, salud. En estos años ha variado el estatus de los pueblos indígenas chilenos. Estamos teniendo por primera vez bastantes estudiantes universitarios indígenas e impulsando un ascenso social, a la vez que abriendo oportunidades económicas y culturales a estos pueblos.
-¿A lo largo de la historia los pueblos indígenas de su país se han abrazado a sus costumbres o, por el contrario, se han imbricado o mezclado con el resto de la sociedad chilena?
-Hay de todo. En la mayor parte del país ha habido una mezcla y ya hay pocas familias indígenas puras. La mayor parte de la gente indígena que vive en Santiago, que es un número de personas importante, es de esta condición. Son gentes de distintas profesiones, desde profesionales manuales hasta profesores y profesionales liberales. Sin embargo, en las tierras indígenas propiamente dichas, principalmente en el sur del país, algunas etnias han desaparecido como en Magallanes o Aisén, pero en la zona de Arauco está el principal pueblo indígena de nuestro tiempo, es decir, de los tiempos en los que llegaron los españoles. Aquí estamos obteniendo una inserción muy efectiva e importante y nuestro propósito es que esta gente que quiere conservar su identidad pueda hacerlo pero, a la vez, ascienda a niveles de vida civilizada y de cultura, así como económicos, compatibles con su dignidad humana.
Devolverles lo 'robado'
-Parece como si todo consistiera en devolverles lo 'robado' en su momento, como si se tuviera un cierto sentimiento de culpa.
-La culpa no podría ser nuestra, en todo caso, más que nuestra sería de nuestros antepasados, de los conquistadores españoles. Más que de culpa es un sentimiento de auténtica democracia. Una democracia que reconoce la igualdad más allá de la diversidad -la igualdad en la diversidad o la diversidad en la igualdad-, tiene la obligación de construir una misma realidad para todos y no para unos pocos, en este caso los chilenos de origen hispánico o europeo. Yo como político chileno no he actuado en esta materia con sentimiento de culpa, sino con sentimiento de responsabilidad y en consecuencia con los valores en los que creo, los valores democráticos, la igualdad de las personas, los valores cristianos y los valores utópicos de perseguir una sociedad en que todos seamos libres, respetados y con igualdad de oportunidades.
-¿Esa concienciación la tiene el pueblo chileno en general, ese del que habla de origen europeo?
-No me atrevería a decir que ha existido siempre, aunque hoy día sí. La clase alta históricamente ha mirado con desprecio a los pueblos indígenas, pero ya en la independencia el padre de la patria chilena, Bernardo O'Higgins, dictó un decreto declarando igualdades ante la Ley a nuestros compatriotas de origen indio.
Implicación
-En Chile, como México o Bolivia, ¿existe una implicación de las costumbres indígenas en el pueblo en general?
-En algunas zonas sí. Yo diría que el pueblo chileno, especialmente en sus sectores más proletarios, y especialmente en el campesinado, tienen mucho de querencia indígena.
-¿En el resto de la sociedad no? Quizás en la vestimenta, la cultura, el folklore...
-Se conserva como algo de culto a la historia y a las razas y los sectores autóctonos. Más en el norte, donde no están los Mapuches sino otras etnias, algunas comunes con Perú y Bolivia. También hay en el sur pero en menor medida.
Otros países
-¿No descartan trabajar en otros países iberoamericanos?
-La Corporación Justicia y Democracia desarrolla sus actividades en Chile. Se trata de una organización que trabaja fundamentalmente con jóvenes chilenos. No obstante, es probable que más adelante exista relación con asociaciones o corporaciones de otros países para avanzar en esta misma materia.
-¿Cuándo esperan conseguir resultados? ¿Cuándo serán visibles, quizás cuando haya un presidente chileno que sea indígena?
-No, que va. Nuestra meta no es buscar alguna posición de poder. No es así. Nuestra meta es cultural y social, levantar el nivel de posibilidades de la gente que tiene inquietudes y, por el contrario, no tiene los medios para lograrlo.
-Lo primero que ustedes tienen que hacer, supongo, es conseguir que ellos mismos se lo crean.
-Efectivamente. Por eso, nosotros lo que hacemos es reclutar a muchachos entusiastas, con capacidad de liderazgo entre sus semejantes. Organizamos seminarios cuyo temario se hace de común acuerdo respondiendo a lo que ellos demandan pero también a lo que nosotros pensamos que es lo mejor. Estamos luchando por difundir los valores democráticos, estamos construyendo una sociedad más justa y en eso están contribuyendo personas como los extremeños.